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domingo, 24 de abril de 2016

El País que yo quiero


Por Luis Aníbal Medrano S.

A los seres humanos se les forja con ciertos ideales difíciles de desprenderse de ellos, son como parte intrínseca de sí mismo y aunque el ambiente en que desarrolle todas sus actividades les haga engavetar esos ideales, tarde o temprano la ebullición natural de las enseñanzas se inicia como por arte de magia, es como decir que el León manso con la selva sueña. 

Es verdad irrefutable que los malos ejemplos de políticos han inducido a la despreocupación del pueblo, que gobiernos que sembraron esperanzas en la juventud la defraudaron, que gobernantes que teorizaron en demasía y utilizaron las necesidades del pueblo para llegar, tiraron al zafacón sus planteamientos para pasar de autoproclamados mesías a simples vulgares depredadores del erario público.

A pesar de todo eso, soy de lo que creo que todo no está perdido y que tal parece, como lo está indicando los acontecimientos políticos, el pueblo dominicano está despertando y los guasones y titiriteros que creen que somos borregos de un rebaño autómata se van a llevar tremenda sorpresa en las próximas elecciones de mayo 15.

Yo creo en el cambio, yo creo en ese cambio que proponen dos personas jóvenes de edad pero adultas de conocimientos, capacidad y voluntad de hacer lo que se tiene que hacer para que el país recobre el valor de nación que le corresponde y que corsarios de nuevo cuño le han arrebatado sin misericordia alguna.

Yo creo en el cambio que los dominicanos en su inmensa mayoría está reclamando en cada rincón, paraje, distrito municipal, municipio y provincia de la República Dominicana, reclamando una nación vivible para todos, no para un comité político encumbrado en una vulgar camorra que un día decidió robarse el país amparado en mentiras, aberraciones, insultos a la inteligencia del pueblo y otras tantas razones más.

Yo quiero un país donde la salud, educación, alimentación, energía eléctrica, seguridad ciudadana, oportunidad de empleos y la seguridad jurídica no sea una utopía remota, y máxime cuando se observa con rabia cuando los que ostentan la conducción del Estado tienen todo resuelto por su meteórica forma de adquirir sus fortunas multimillonaria.  

Yo quiero un país donde las mujeres no sean presentadas como simples objetos sexuales por el propio gobierno, donde los jóvenes de ambos sexos no se tenga que prostituirse para poder cubrir sus necesidades perentorias porque sus padres no tienen los recursos económicos mínimos  para cubrirselas,un país donde los valores y costumbres de una sociedad decente puedan ser retomados.

Yo no quiero nada imposible, son cosas que pueden lograrse con voluntad política, con firme decisión, con ganas de aportar y no de quitar, es por eso que creo que el país necesita, merece, amerita, requiere, de manera urgente un cambio.

Los dominicanos y dominicanos ya estamos saliendo del “amemamiento” y estamos decididos a lograr ese cambio y eso queda demostrado en cada actividad en la que participan los candidatos del cambio: Luis Abinader y Carolina Mejía.

Soy en cierto modo atrevido al hacer un pedido al honorable benefactor de un grupito, consentidos de travesuras de todo tipo, mentiroso en demasía, irrespetuoso de la inteligencia de los dominicanos y por sobre autor de la más aberrante cadena de endeudamiento estatal, a que reconozca su derrota, que de una vez y por toda entienda que el pueblo no lo quiere, que los promotores de su reelección están llevando al país a un despeñadero de consecuencias inimaginables.

El autor es político, municipalista, periodista y locutor residente en Nueva York.