Por Roberto Fulcar
SANTO DOMINGO, R. D.- Esa lágrima en la
mejilla de Norisbel no es solo suya. Es la lágrima de una República Dominicana
herida por cada mujer asesinada, por cada familia destrozada y por cada vida
apagada demasiado pronto.
Nos recuerda que detrás de cada cifra hay
un rostro, un nombre, una historia y un dolor que nunca debió existir.
No podemos acostumbrarnos. No podemos
mirar hacia otro lado. No podemos detenernos.
Quiera Dios que llegue el día en que
ninguna mujer tenga que morir por violencia, Norisbel no tenga que derramar más
lágrimas, sus colegas no tengan que domar su pena y nosotros no tengamos que
compartir más videos como este.
Hasta que alcancemos ese día, no hay de
otra que seguir haciendo humildemente nuestra parte.
Porque amar también es respetar.
Porque amar también es soltar.

Comentarios
Publicar un comentario