Por Roberto Fulcar
Cada 27 de febrero, República Dominicana
conmemora uno de los momentos más significativos de su tradición republicana:
ante la Asamblea Nacional, el presidente constitucional comparece para informar
al país sobre el estado de la nación, en cumplimiento de un deber que fortalece
la vida democrática.
En este año 2026, el presidente Luis
Abinader protagonizó un acto institucional y, al mismo tiempo, profundamente
humano: una ceremonia solemne en la que explicó lo realizado, asumió lo
pendiente y proyectó el rumbo colectivo con responsabilidad y visión de futuro.
La rendición de cuentas se desarrolló en
un contexto internacional caracterizado por tensiones económicas y
geopolíticas, presiones inflacionarias y alta incertidumbre financiera. En ese
escenario, preservar la estabilidad macroeconómica ha significado proteger
empleos, sostener empresas y ofrecer previsibilidad a millones de familias
dominicanas.
El crecimiento económico sostenido, la
reducción gradual de la inflación, la estabilidad cambiaria, el aumento de la
inversión extranjera directa y el desarrollo sostenido del turismo reflejan una
economía que ha mantenido dinamismo en medio de desafíos globales. Detrás de
cada indicador hay trabajadores, emprendedores, pequeños productores y
comunidades que experimentan de manera directa los efectos de esas políticas.
En el plano institucional, el
fortalecimiento del Estado de derecho y la independencia funcional del
Ministerio Público han contribuido a consolidar una cultura democrática más
exigente. El mayor acceso ciudadano a la información sobre la gestión pública
refuerza la transparencia y fortalece la confianza en las instituciones.
La inversión social ha ocupado un lugar
central. Programas dirigidos a sectores vulnerables, expansión de
infraestructura hospitalaria y medidas destinadas a mitigar el impacto de la
crisis internacional evidencian un esfuerzo por equilibrar sensibilidad social
y responsabilidad fiscal. Gobernar exige prudencia económica y compromiso con
la dignidad humana.
La crisis haitiana fue abordada desde la
perspectiva de la defensa de la soberanía nacional, reafirmando la obligación
del Estado dominicano de proteger su territorio y su estabilidad, junto con un
llamado a la corresponsabilidad internacional frente a una situación que
trasciende fronteras.
En infraestructura, el país ha avanzado en
transporte urbano, obras viales, agua potable y saneamiento, así como en
modernización portuaria y aeroportuaria. De manera particularmente
significativa, la distribución territorial de la inversión pública ha mostrado
un equilibrio que ha permitido que provincias históricamente relegadas reciban
proyectos estratégicos. Esta desconcentración territorial fortalece la cohesión
nacional y amplía oportunidades en todo el territorio.
La resiliencia institucional también ha
sido determinante. La recuperación económica y turística constituye un
indicador relevante de conducción estratégica en tiempos complejos.
La credibilidad de una rendición de
cuentas se aprecia al contrastar discurso y resultados. Se observa
correspondencia entre el discurso de impulso a la inversión y el aumento de la
inversión extranjera directa; entre la promoción del turismo y cifras récord de
visitantes; entre el fortalecimiento institucional y procesos judiciales en
curso, sin tendencia oficial a la impunidad; entre la protección social y la
ampliación de cobertura; y entre la lucha contra la pobreza y estadísticas que
reflejan salidas efectivas de personas de esa condición.
Persisten desafíos importantes:
desigualdad estructural y brechas socioeconómicas por cerrar; percepción de
inseguridad; presión sobre el costo de vida; pervivencia de la propensión a la
corrupción pública y privada; desafíos del sector eléctrico; débil gestión de
calidad 4E+Ética; escasa prevalencia de valores ciudadanos; y la superación de
modelos educativos desfasados. Reconocerlos forma parte de la responsabilidad
pública.
La rendición de cuentas es, en esencia, un
ejercicio de honestidad democrática. Su ponderación permite valorar avances
comprobables, coherencia estratégica y una visión orientada al desarrollo
sostenible, la institucionalidad y la dignidad de las personas.
Además, contribuye a una conversación política
y social mejor fundamentada, basada en datos e informaciones verificables,
capaz de trascender tanto la banalidad del aplauso automático como la
inutilidad del oposicionismo irreflexivo.
Bueno sería que las instancias
comunicacionales del Estado afinen las vías de lugar para que el contenido de
esa rendición de cuentas —de extenso discurso— llegue desglosado y de manera
didáctica a los distintos sectores de la vida nacional.
* Roberto Fulcar Encarnación. Educador,
consultor, autor, activista social y político. Propulsor del Liderazgo
Trascendente, Educación para Vivir Mejor, Gestión de Calidad 4E+Ética y la
concepción prospectiva El Futuro es Hoy. República Dominicana.

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