Por Miguel Ángel Cid Cid
La percepción en política es un arma de doble filo,
te ayuda tanto como te destruye. ¿De qué depende? Todo depende de la
interpretación que el candidato haga de los datos que aparentan favorables a su
proyecto.
La interpretación señalada —por lo general— dará
forma y sentido a las estrategias de avance electoral. Por lo anterior, los
candidatos deberían desenterrar el por qué recibe apoyo o rechazo en una
coyuntura determinada.
Es decir, cuáles son las razones que generan el
crecimiento de la candidatura para trazar el tipo de estrategia que requieran
las circunstancias. Las opciones pueden ser dos: primera, proyectar acciones
para sostener el nivel de apoyo alcanzado.
Mantener —en segundo lugar— un crecimiento
dosificado, sin aspavientos. Tratar, en consecuencia, de mantener un incremento
que no amenace los contrarios. Que no se sientan avasallados. La cautela evita
que los adversarios te vean como un peligro.
Pero hay gente que, por mucho que le adviertan, no
se aguantan.
Fernando Mejorado, consultor y estratega electoral
mexicano en una conversación virtual me dijo:
— Apreciado Miguel, Leonel Fernández como candidato
de su partido está que crece todos los días.
— ¿Qué tú crees? —, preguntó.
— Lo primero es que, tengo dudas de que el
crecimiento sea tan constante, pero hay que reconocer que está creciendo—,
respondí.
En ese sentido, la pregunta sería: ¿Qué tan
sostenible es el crecimiento registrado por el Dr. Fernández Reyna?
Entonces pasé a explicar mi respuesta, le expresé:
— Fernando, cuando tú eres el único candidato en la
arena electoral, es lógico que concite mucho apoyo. Porque los electores
necesitan tener a quien apoyar. Pero cuando se van definiendo otras propuestas
las simpatías partidarias comienzan a mermar. Ese fenómeno también es natural.
Eso que le decía a Mejorado es lo que sucede con el
Dr. Leonel Fernández, candidato a presidente de la República por la Fuerza del
Pueblo. Él es el único candidato que ahora mismo está seguro.
Los otros dos partidos principales —PRM y PLD—
carecen de una propuesta capaz de competir. Están en proceso de definición.
El partido gobernante —Partido Revolucionario
Moderno— sus simpatías se dividen entre seis aspirantes a encabezar la propuesta
presidencial del partido. Por tanto, desde que el PRM se decida por uno de los
seis, el porciento de adeptos al candidato se multiplicará.
El Partido de la Liberación Dominicana, por su lado,
divide sus seguidores entre cinco aspirantes. Y todavía pueden surgir otros.
Por lo anterior, es un error medir a Leonel
Fernández con cualquiera de los aspirantes del PRM o del PLD.
Lecciones del pasado reciente: Miguel Vargas
Maldonado aspiró a ser candidato del PRD en las elecciones del 2012. Superaba
el 75% de preferencia. Hipólito Mejía Domínguez, expresidente, lanzó sus
aspiraciones y Vargas comenzó a bajar. El día de las primarias Hipólito lo enterró. Perdió la candidatura.
José Enrique Sued, exalcalde de Santiago, contaba,
para el 2009 con un 85% para repetir el mandato en 2010. Pero Gilberto Serulle
se pasó del PLD al PRD. El cambio lo transformó —en poco tiempo— en un fenómeno
imbatible.
En suma, el tres veces presidente de la República
debería estar divisando estrategias para explicar los escenarios que se
avecinan. Pensar, por ejemplo, en cómo se van a recomponer las fuerzas
políticas después de definidos todos los candidatos.

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