Por Luis Aníbal Medrano S.
Soy de los que sostiene la teoría de que,
en las actuales circunstancias donde prevalece la descomposición social
funesta, la parte mala de las redes sociales le está ganando la batalla a la
parte buena.
Hago la anterior introducción decepcionado
de la forma poco humana, ética y moral que una identificada oposición política,
sectores cavernícolas heridos por su desplazamiento y hasta unos que otros
personajes arrogantes, que difieren de la forma correcta en que se están
conduciendo las instituciones que las leyes asignan el sagrado privilegio de
proteger esos sectores ultra importantes para el futuro de nuestra nación.
Lo primero es que los dominicanos, en
sentido general, debemos repudiar categóricamente la actitud charlatana e
irreverente de todos los participantes en esa mala campaña que cada cierto
tiempo aparece como por arte de magia en las redes sociales, básicamente,
entonada de manera desafinada por un coro de “viuqueros” desenfrenados que
buscan sonido y también se buscan unos pesos, pesos estos manchados del líquido
putrefacto que emana de las mentes inmorales.
Esa es una cruel cruzada en contra de la
niñez y la adolescencia que busca perjudicar los loables trabajos que realizan
la primera dama, Raquel Arbaje de Abinader, presidenta del Gabinete de la Niñez
y la Adolescencia (GANA); Ligia Pérez Peña, presidenta ejecutiva del Consejo
Nacional para la Niñez y la Adolescencia (Conani); y Josefa Castillo Rodríguez,
directora ejecutiva del Instituto Nacional de Atención a la Primera Infancia
(Inaipi).
Nos preguntamos si el objetivo final de
ese trabajo sucio es evitar que la niñez y la adolescencia continúen recibiendo
los beneficios que se les viene otorgando bajo la presidencia de Luis Rodolfo
Abinader Corona. En toda la historia de nuestra República Dominicana, no había
existido un gobernante tan preocupado por mejorar la calidad de vida de todos
los dominicanos. Los números están ahí, a pesar de que la manada de perversos
políticos, acompañada de los enemigos encubiertos a los que se les ve el rabo
de demonio que poseen (tarde o temprano se correrá la cortina para presentar en
el escenario nacional a los que quieren hacerle coro a los nunca conformes
opositores) Lo que pudiéramos lamentar es que estén tan próximos que no lo
estemos viendo.
Surgen las siguientes interrogantes: ¿Por
qué no utilizar esos esfuerzos para concientizar a la población sobre la
responsabilidad que tienen los padres o tutores para con sus hijos? ¿Por qué
los “twiteros” no se unen y crean un observatorio nacional de cuido a la niñez
y la adolescencia que sirva de importante acompañamiento al GANA, CONAI e
INAIPI?
¿Por qué, a pesar de
la descomposición social, los padres no reflexionan sobre su culpabilidad real
en lo que pueda mal sucederles a sus hijos, en vez de estar jugando dominó,
fumando hookah, viendo novela, jugando carta y otras acciones más que inducen al
descuido de sus hijos y posterior “lloriqueo” y adjudicación de culpa al
gobiern

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