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sábado, 25 de julio de 2020

El dilema del poder...



Por Félix Peguero, MA.

La población dominicana es el mejor referente a la hora de hablar de cultura política. Desde los inicios de la república hemos acuñado los colores partidarios como emblemas que se heredan y definen la identidad de la familia. Así pasamos a confrontar con los vecinos y amigos sin una base ideológica definida, sino por la adhesión a una parcela política que se traspasa de generación en generación. Por lo menos eso es lo que ha prevalecido.

Obviamente, a medida que pasan los años se vislumbran cambios positivos en la política vernácula, ya que las fuerzas antagónicas que libraron duras batallas en el pasado, como el Partido Reformista Social Cristiano y el Revolucionario Dominicano, han ido reduciendo su caudal de militantes, al extremo de que operan como bisagras, recostados a partidos - a los que presumen en condiciones de alcanzar el poder-. Ambos, en el pasado proceso quedaron muy maltrechos. Así en cada campaña electoral se presenta una amalgama de colores en una boleta llena de recuadros y emblemas de partidos que participan aliados, y todo porque en la nación dominicana los partidos políticos son concebidos como empresas que reciben cuantiosos millones de pesos del presupuesto nacional.

Ahora que muchos han caído en el charco que decreta su eliminación porque no obtuvieron los votos necesarios (1%) para retener su estatus partidario, escuchamos a muchos abogando porque se les considere como tal. Sin embargo, los organismos institucionales deben tener en cuenta que aquellos que no cuentan con representación siquiera en una junta de distrito municipal no pueden ostentar la calidad de partidos. La ley es para cumplirla sin favoritismos.

Ojalá que en los próximos procesos, el sistema electoral salga menos costoso a la población dominicana, y que los partidos políticos impulsen sus campañas con los recursos que puedan obtener de sus propias actividades, porque no se concibe que en un país con altos niveles de pobreza tengamos que seguir en el vendaval de deudas para gastar millones a manos llenas para financiar la participación electoral de partidos que son empresas.

Y muy lucrativas, por cierto.

 


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