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martes, 26 de mayo de 2020

¡Las ráfagas críticas de la historia!



Por Tony Rafael

El general Juan Domingo Perón, presidente de Argentina, se refugió en Ciudad Trujillo luego de su derrocamiento por la llamada “revolución libertadora” de septiembre de 1955. Perón había adquirido connotación pública, por su política de asistencia social desarrollada desde el Departamento Nacional de Trabajo en 1943, cuando todavía no había asumido el poder político como mandatario y luego de confusas y reiteradas tentativas de lucha. Pero fue la señora Eva Perón, quien en su corta vida pública 1946 1952, asumió las política sociales del Estado, impulsando la ley del sufragio femenino en 1947, así como creación de la “Fundación Eva Duarte de Perón”, creada en 1948. Esta Fundación rompió de inmediato con la élite oligárquica que tenía como objetivo obras de carácter caritativo y benéfico. Llegó muy lejos cuando planteó que la política social del “justicialismo peronista” se basaba en el apotegma de que, “donde hay una necesidad, hay un derecho”. Cuando Perón se exilió en Ciudad Trujillo hizo muy buenas relaciones con Trujillo. Se dice que fue el único de los dictadores derrocados en el lustro 1955- 1960, llegados a República Dominicana, a quien Trujillo respetó y admiró. A partir de su presencia, Trujillo intensificó ayudas sociales y programas de viviendas, creando barrios para empleados públicos y damnificados.

Llegó al extremo de ofrecer comida gratis a los pobres en el propio Palacio Nacional. Las colas de hambrientos que buscaban su ración alimenticia en horas de mediodía, por la entrada de la calle México, es recordada por muchos dominicanos. El presidente Balaguer, en contexto distinto, en plena crisis de la destrujillización, antes de refugiarse en la Nunciatura Apostólica distribuyó los fondos del Partido Dominicano, entre los pobres del país, acción por la cual se le intentó incriminar judicialmente, así también entregó vehículos y enseres a los choferes de transporte público, sembrando una estela generosa de ayuda, que copiaba a su manera el modelo peronista. Cuando se enfrentó al profesor Juan Bosch en los comicios de 1966, mientras Bosch difundía los postulados de la revolución de abril de 1965 y las ideas avanzadas patrióticas, Balaguer les recordaba a los pobres las ayudas dadas cuando fue obligado a salir del país durante los tumultos de enero de 1962. Inmediatamente retornó al poder, Balaguer promovió la “Cruzada del Amor”, bajo la dirección de su hermana, la distinguida dama, Emma Balaguer de Vallejo, cuya labor multiplicó las dádivas para los más necesitados. Balaguer se recordó de Perón y de Evita, y quizás de Trujillo. Llegó incluso, cuando fundó el Partido Reformista, a hablar textualmente de “Justicialismo”. Los que hoy ejercen el Poder con vocación perpetua, no todos, aplican una audaz política de ayudas, careciendo del espíritu peronista de la épica social o ignorando la prosapia decimonónica de Balaguer. Asumen que tienen garantizado el ejercicio de mando, “sécula seculorum”. No llegan a la dimensión de Perón ni alcanzan a ponerse las botas de Trujillo, no cohabitan en las metáforas discursivas de Balaguer, ni se convierten al evangelio sobrio y ético de Bosch.


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