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jueves, 16 de agosto de 2018

La Hookah: peligro para los jóvenes, negocio redondo para los empresarios



Por Félix Quiñones

Voy a empezar disculpándome por tomar el tema de la hookah y desglosar parte de su contenido y consecuencias, reflejadas por años en nuestra comunidad. La hookah se puede definir de diferentes formas; por lo pronto, podemos describirla, como un mal innecesario y sumamente peligroso, que atrae a jóvenes y viejos a la adicción de un lubricante que lo puede llevar derecho a la muerte.

Disculpándome por considerarlo un tema espeluznante y delicado, en un escenario de opiniones encontradas. Porque puedo herir los sentimientos de amigos, que han encontrado en ella cierto placer, y ofender a otros que -en su comercialización- han encontrado un lujoso y atractivo negocio.

Al principio se creía que esta novedosa forma de fumar era muy antigua; digamos que le atribuíamos miles de años de existencia. Hoy, se sabe con exactitud que, la shisha, argila, hookah o cachimba de agua, es tan vieja como el “descubrimiento” de América, que tiene algo más de cinco siglos.

Pero lo más importante de esta “epidemia”, no es su antigüedad sino, el daño que puede causar en nuestra juventud, en especial la dominicana, que es la que más me duele.

Estoy viendo con mucha preocupación, la presencia -cada vez mas común- de esta dañina práctica, que se ha ido apoderando de los campos deportivos y sus instalaciones adyacentes. Y todo ante la mirada impasible de las autoridades deportivas correspondientes.

Pero, si el movimiento deportivo ha sido indiferente, mas aun lo ha sido el liderazgo político nuestro, que con algunas excepciones -hay que admitirlo- se ha hecho de la “vista gorda” ante el avance de esta dañina práctica, que desgraciadamente, ya se ha convertidoen costumbre de los muchachos en nuestros vecindarios.

Uno de los argumentos que he oído de los que quieren justificar el uso de la hookah, es la falsa creencia de que “los cigarrillos son peores”, dizque porque el agua actúa como filtro y elimina la nicotina, la “cotinina”, y las demás toxinas del tabaco. Ambos, cigarrillo y hookah, son altamente perjudiciales para la salud humana.

Un equipo de investigadores de la Universidad de California, demostró que la hookah produce un elemento cancerígeno denominado NNAL (butanol-piridil-metilnitrosamina) y estos resultados han sido avalados de manera parcial, por la Organización Mundial de la Salud de la ONU, y por el exigente Departamento de Salud de Inglaterra, que demostró en un estudio posterior, que el nivel de monóxido de carbono en la sangre de los fumadores de hookah, es cinco veces mayor al de los fumadores de simples cigarrillos. Y todos sabemos lo dañinos que son los cigarrillos.

Por otra parte, se alega que la “fumadera” de hookah es un asunto de carácter social y que al igual que los cigarrillos, no hubo manera de que se evitara, precisamente porque es una decisión personal de la gente. Y a pesar de que el argumento tiene algún elemento de realidad, hay que recordar que, a partir de 1965, se empezó a endurecer la venta de los cigarrillos y al día de hoy, esa poderosa “industria de muerte” es solo una décima parte de lo que fue a mediados del siglo XX.

En cualquier caso, yo no me opongo a que quien se quiera suicidar lo haga lanzándose del puente George Washington, pues a fin de cuentas es una persona adulta y simplemente hace uso del libre albedrío, un derecho de cada ser humano.

A lo que siempre me opondré es a que cuando se suicide se lleve a sus hijos en brazos. Algo así es lo que sucede cuando se permite el uso de la hookah en los lugares públicos y a la vista de los niños. Es una falta de respeto a la familia, a uno mismo y al género humano.

Desde hace tiempo, vengo luchando junto a mis amigos más cercanos, por el rechazo a esta calamidad social. Mi primera experiencia fue con mi hijo mayor, en el año 2011, dos veces le hablé y orienté del peligro que le acechaba y felizmente, dejó de usarla.

Como miembro activo de esta comunidad, mi voto siempre será un enérgico ¡NO! al uso público de estas cachimbas colectivas.

¡La hookah es inaceptable, en especial en los campos deportivos!

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