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domingo, 18 de febrero de 2018

El problema no es la flecha, sino el indio



POR ROLANDO ROBLES

Los incidentes con armas de fuego en manos de personas no autorizadas, ya son parte del día a día de esta nación. Son casi tan comunes como las drogas, los asaltos y los accidentes de tránsito, para solo referirme a unos pocos de los tantos males sociales que padecemos los residentes de USA. De hecho, los medios sostienen que solo este de año, ya se registra una veintena de acontecimientos con armas, en las escuelas.

El asunto es alarmante y lo peor, que parece escalonarse; o sea, que va in crescendo. Pero las autoridades no parecen reparar en que la cuestión se está saliendo de control y se siguen usando los mismos métodos para enfrentarla; métodos que han resultado improductivos, por no decir inútiles. 

Pienso que el diagnóstico del fenómeno que genera el mal, ha resultado incorrectoy, en consecuencia, se han diseñado políticas erróneas para combatirlo.Por esos yerros de apreciación, no se ha podido corregir, ni siquiera disminuir esta especie de pandemia social generalizada.

Por motivos que no alcanzo a comprender, se ha establecido que la causa principal para estos traumáticos hechos, es la facilidad con que se puede obtener un arma de fuego en la mayoría de los estados y que dichas armas, a su vez, han terminado con la vida de cientos -miles, en lo que va de siglo- de personas que ni siquiera se imaginaron que partirían de este mundo en forma tan absurda y cobarde. Gente que en gran parte, llegó a la adultez.

Pero este razonamiento, tan disparatado como insólito, de igual forma, se ha venido aplicando en lo relativo al flagelo de las drogas. Las políticas del Gobierno, se han concentrado en la persecución de los carteles de la droga, pero muy poco se hace para controlar el consumo, que es la causa que genera el incremento de la demanda y, por tanto, de la oferta.

A pesar de que es una de las reglas de oro del sistema económico que nos gastamos, el capitalismo puro y simple; nadie parece entenderlo. Siempre que haya alguien dispuesto a pagar por su vicio, habrá quien le supla la droga, no importa el riesgo que se corra.

Esta irresponsable costumbre norteamericana de “buscar la paja en el ojo ajeno”, equivale a emular al avestruz, escondiendo la cabeza para no ver el peligro; lo mismo en el combate contra las drogas, como de las balaceras, que se registran a ritmo de dos a tres por semana, a todo lo largo y ancho de la geografía nacional.

Un estudio conducido por una universidad del norte del país, y que llegó a mis manos, muestra una realidad tan fría como desconcertante, sobre la violencia en función del acceso que tienenlas personas a las armas de fuego. En unas ocho poblaciones de Canadá, se observó que por cada adulto residente, se habían registrado por lo menos tres armas de fuego, la mayoría de ellas para cacería; y que en ninguno de estos pequeños pueblos se han escenificado incidentes como el acontecido recientemente en la escuela secundaria de Parkland, Florida.

Similares investigaciones se hicieron en Japón y Australia -dos países de condiciones sociales parecidas o iguales a Estados Unidos y Canadá- y las lecturas obtenidas fueron exactamente iguales. Esto demuestra que el peligro no radica en las armas en sí, sino, en las personas que las usan.

Y es de entenderse, “las pistolas, rifles o escopetas no se disparan solas”. Una persona tiene que accionarlas y, además, tener la intención de hacer daño. Se necesita que una mente criminal -debido a los motivos que fueren- decida disparar contra indefensos seres humanos, que hasta el momento han sido sus compañeros de aulas o puestos de trabajo. Entender y asimilar esta realidad, es la clave para enfrentar el problema.

Ahora el debate se ha centrado, en el endurecimiento de las posibilidades para que una persona pueda adquirir una de estas armas de guerra y que son diseñadas para eso, para hacer mas eficiente el asalto a la vida humana. En esta categoría de armamentos mortíferos, califican los rifles de asalto tradicionales (metralletas, AR-15, M-16, Fal, AK-47, etc.) y los también muy comunes revólveres y pistolas semiautomáticas, tan fáciles de portar y de burlar los mecanismos de control.

Ciertamente, si no hay posibilidad de que un ciudadano civil pueda adquirir una de estas terríficas armas, probablemente no tuviéramos una veintena de jóvenes vidas segadas por un pequeño trozo de plomo. Pero también es muy probable que, en lugar de esas armas, se usen otros medios que por discreción no voy a mencionar, pero que todos conocemos y que ya han sido usados para los mismos fines, a lo largo de la historia.

Además, esta ilógica interpretación del problema, convertida en“estrategia neoliberal” de lucha contra las armas de fuego, deja en el escenario a los millones de hombres que sí tienen acceso a los armamentos de guerra; que nadie tiene idea de cuántos pudieran ser y que yo ni siquiera alcanzo a imaginarlo.

Pero también, se hace caso omiso de los millones de “Fredy Krueger” en potencia que, todos sabemos que existen entre la gente “común, corriente y tranquila”que aún no hemos sido etiquetados como “perturbados, locos o psicópatas”; que es lo mismo que decir, criminales múltiples. Como Timothy McVeigh, Mohamed Atta, Omar Matten, Nikolas Cruz, hasta llegar aldominicano Víctor Alexander Portorreal, también conocido como El Chamán o Greña.

Es hora de que el Estado norteamericano de un giro al asunto y ponga mayor empeño en el “ser humano”, que es quien comete los asesinatos que tanto lamentamos. Como igualmente, sontambién “seres humanos”, los que consumen las drogas y “disparan” la oferta con su demanda constante.

Este tema es en verdad muy absorbente, de múltiples aristas y de amplio espectro, en lo referente a las implicaciones que tiene; por lo tanto, solo pretendo dejar abierto el debate en un nivel más sincero y real que el actual. Sin embargo, no quiero cerrar sin hacer estas dos anotaciones finales, que sugiero incorporar a la discusión.

Una, “la evasiva del avestruz”, que ha asaltado la sociedad norteamericana y la tiene divagando y sin solución al problema desde hace décadas, ya ha invadido países de su área de influencia, como el nuestro y los medios de comunicación y los expositores, se han sumado a la tesis de que el asunto se acaba si se sacan las armas de fuego del mercado, un absurdo total.

La otra, en una nación donde para ser ciudadano se necesitaba tener “un pedazo de tierra, una mula y un rifle”, ¿usted se imagina que hacer una enmienda a la Constitucion para garantizar “que todos tengan el derecho a estar armados”, es una simple metida de pata del momento histórico?

Como todo vuelve al punto de partida, los dejo con el espíritu del titular de esta entrega, para que sigamos discutiendo el tema.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

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