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miércoles, 24 de octubre de 2018

Leonel Fernández y su laberinto en el PLD



POR ROLANDO ROBLES

Todo parece indicar que el partido de Juan Bosch padece la mayor crisis de su historia, aunque prácticamente, nadie quiere admitirlo. Luce como si todos se pusieron de acuerdo para imitar al cándido avestruz, que esconde la cabeza para no ver la realidad. Y este comportamiento, desde luego, es insólito, en un partido que una vez, prometía ser paradigma del ejercicio político nacional.

Pero de nada servirían los lamentos, porque el PLD no se metió solo en la encrucijada. Y tampoco saldrá solo de ella, muy a pesar de la cantaleteada autosuficiencia que su dirección -en especial la de nivel medio- pregona a diestra y siniestra. En realidad, todos hemos sido culpables de la aparente involución de este partido; y créanme, no se trata de buscarle una salida de escape emocional a su dirección, ni de pretender echar las culpas al tiempo en lugar de España.

Cuando los peledeístas, gobiernistas y opositores, comenzaron a perder el Norte y generaron las distorsiones que hoy los acogotan, la clase política nacional que los adversa, supuso que esos pleitos familiares serían caldo de cultivo suficiente para la división interna y que ello a su vez, provocaría la derrota del partido morado. Pero -y aquí es donde justifico sus culpas- nunca presentaron un frente opositor común, que significara, aunque fuera sólo en apariencia, la posibilidad de construir una mayoría electoral. Por esa apatía, somos todos culpables.

Es muy cierto, el PLD puede perder las elecciones del 2020, y hay quien piensa que sería lo mas conveniente para el país -yo no estoy tan seguro de eso- pero el asunto es que no hay quien les gane; si ellos se mantienen mínimamente unidos. De cualquier manera, el que hoy les escribe, no tiene muy claro, cuál será la solución del rompecabezas y, por tanto, sólo puede demandar coherencia política de parte de los actuantes.

Lo que, si alcanzo a entender, es la pasividad con que se maneja el sector de Leonel Fernández, que apuesta a que finalmente, Danilo Medina pueda entender la pertinencia de apoyarlo a él y le proponga un pacto para que Medina y su grupo puedan controlar el partido, aun fuera del poder y que les garantice, además de un trato equitativo en un futuro Gobierno de Fernández, que se cumpla con la regla básica del que viene con el que se va, o sea, “entre bomberos no se pisan las mangueras”. Lo importante es que no se edite otra versión del “quirinazo”, porque lo del impedimento a Danilo para que algún día pueda volver, está sobrentendido y aceptado.

Aunque está circulando la especie de que ya ese acuerdo está aprobado en un 75%, personalmente creo que ello no es, ni será posible. Es que los problemas surgidos al calor de las luchas existenciales de los dos grupos hegemónicos y los sobredimensionados egos de los “generales”, hacen casi imposible que se materialicen esos anhelados convenios por la sobrevivencia del partido (y de los grupos) más allá de mayo de 2019.

En este punto, y precisamente por la coherencia que exijo de los demás, he de admitir que, en todo este embrollo, tengo un favorito y que es Leonel Fernández. A él en persona van destinadas estas modestas opiniones, para que evalúe con criterio crítico, la situación real de su candidatura, que luce imponente para mi gusto, pero que precisa de acciones más aguerridas, por la naturaleza y los recursos de que dispone su opositor principal.

La próxima sección del Comité Central del partido, solo servirá para poner en escena el poder de Danilo Medina en el PLD, algo que el sector de Leonel Fernández parece no entender o no querer aceptar. Como se nota que no digieren eso de la “correlación de fuerzas” en los organismos de mando, actúan de espaldas a la realidad; y eso tiene un costo político para la candidatura de Fernández.

En lugar de luchar contra los molinos de viento, que su gente supone que representa el clan de Medina en la dirección del PLD, don Quijote lo que debiera es, afianzar sus relaciones con los pequeños partidos que lo han estado respaldando y que éstos lo proclamen -antes de que Danilo hable en marzo- como su candidato presidencial para las elecciones del próximo año.

Este movimiento, que no tiene que ser aceptado por Leonel de manera pública, pudiera evitar lo de los “plazos fatales” que se consignan en la nueva Ley de Partidos. Pero, además, serviría para establecer un bajadero legal -aunque no se use a plenitud- en caso de que la aplanadora del Palacio Nacional decida jugar a “todo o nada”.

Paralelamente con esas acciones, que son de simple sentido común, tanto Leonel Fernández como Luis Abinader, deberían empezar una serie de contactos públicos y privados, para intercambiar ideas y puntos de vista sobre la situación nacional. Estas reuniones, que son tan pertinentes como legítimas, dejarían abiertas todas las posibilidades, ante la agresividad del equipo de Medina que, entre otros atributos, es el enemigo común de ambos candidatos.

Creo firmemente que, las posibilidades de Leonel Fernández están basadas en que pueda orquestar un movimiento de afuera hacia adentro de su partido y de que Danilo Medina se convenza de que, al igual que él, Leonel también está decidido a jugar a “todo o nada”.

Los tiempos han cambiado y ya no es asunto de “cómo soplen los vientos”, lo realmente valioso es que el León tiene garras poderosas y que está dispuesto a usarlas, pero para ello, tiene que salirse de la jaula que le construyó el PLD a su alrededor.

Como mencioné a Luis Abinader hablando de Leonel Fernández y su PLD, no quiero dejar una sensación agridulce en el gusto de mis amigos, que pueda inducirlos a pensar que yo juego a ser el abogado del Diablo, pues tal honor, admito, solo está reservado para las mentalidades superiores.

Es por ello que trataré por separado su situación, a la luz del dédalo que implican, las aspiraciones de Hipólito Mejía y el poder de convencimiento que pueda tener el Palacio Nacional, en una eventual convención interna del PRM.

¡Vivimos, seguiremos disparando!


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