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domingo, 22 de julio de 2018

Rafael Capellán, un alma de Dios



Por Miguel Ángel Cid Cid

El señor Rafael Capellán dijo a su hijo, --Franchy, invita a tu amigo Miguel Ángel a almorzar con nosotros el próximo sábado--. El siguiente sábado, ¿lo saben verdad?, yo estaba degustando un delicioso almuerzo en casa de la familia de Don Rafael Danilo Capellán.

El Pastor Rafael D. Capellán está casado con Sarah Pimentel de Capellán. Si él es, como decía mi madre, “un alma de Dios” doña Sarah ¡ni hablar!, su timidez y humildad dan una sensación angelical. Rafael es mellizo con Bolívar Capellán, oriundo de Tamboril, de familia tan extensa que solo ellos alcanzan a 17 hermanos.

En sus estudios formales se graduó de bachiller, en el liceo Ulises Francisco Espaillat de Santiago. A su pesar, para la época fue auxiliar de ingeniería en una compañía subcontratista del departamento de acueductos y alcantarillados en el este del país. Luego, fue administrador de una empresa de embutidos y tiempo después migró a EEUU. A su regreso a dominicana, Rafael Capellán pasa a administrar la Agencia de Publicaciones Adventistas y posteriormente Auditor de la Misión Dominicana del Norte.

En el ínterin, Capellán se casa con Sarah Pimentel, en 59 años de nupcias han procreado dos hijos. Los vástagos de la ejemplar pareja son, Alicia Capellán de Mego, médico-pediatra y Francisco (Franchy) Capellán, ingeniero de sistemas y cómputos.

El estudio sistemático y el trabajo tesonero, le ganó a Capellán méritos sobrados para que la iglesia Adventista lo ordenara como Pastor de campo en Santiago y Tamboril. Valga aclarar, que entre los adventistas, ser pastor implica cursar estudios universitarios de teología y administración cristiana. La condición de autodidacta excepcional de Rafael Capellán, hizo que la iglesia se brincará el protocolo.

En 1988 regresa a EEUU donde trabajo de Obrero Bíblico en Greater New York Conference y pastor asociado en Fort Washington, y Broadway.

Ir a casa de la familia Capellán, significó una lección de lo que más tarde conocí como “igualdad de género”. Al llegar todo estaba normal, nos sentamos a la mesa y los platos estaban colocados para que cada uno se sirviera según su capacidad y gusto. Antes de iniciar la degustación, Capellán pidió a su hija rogar por la bendición de los alimentos.

Al concluir la invocación, todos degustamos el suculento manjar. Ahora, una vez satisfechos los deseos gastronómicos vino la sorpresa, cuando menos para mí. Capellán, recogió sus manos como si fuera a elevar otra plegaria, mientras, yo observaba para ver la razón del nuevo rezo.

-- Bueno, Miguel y Franchy, doña Sarah y Alicia prepararon el almuerzo y sirvieron la mesa, ahora corresponde a nosotros retirar los trastes, fregar las vajillas y dejar la cocina impecable. Para ninguno de nosotros hay dudas de que los platos estaban deliciosos, uno a uno así lo expresó, de modo que ¡manos a la obra! --, sentencio suavemente Rafael Capellán.

Acto seguido, Capellán propuso dividir las tareas, como si estuviera impartiendo otra lección, esta vez sobre Marxismo y división social del trabajo.

-- ¿Miguel, usted prefiere fregar o limpiar la cocina conmigo? --, me pregunto. No hay problemas, dije y nos encargamos de la limpieza y a Franchy le toco fregar los trastes. El trabajo, se realizó de manera tan natural, que los tres nos ayudábamos uno al otro, así que nadie se sintió recargado de trabajo.

Tiempo después, descubrí que esa era una práctica cotidiana en la familia Capellán. Aquí, los oficios son consecuencia del consumo, aunque sea simbólico, que justifique el disfrute del manjar. Razonablemente, las labores eran una manera de decirles a los visitantes que en la familia, todos tenemos los mismos derechos, y los mismos deberes.

Era, otra versión de la sentencia bíblica que reza, “Ganaras el pan con el sudor de tu frente”.

Hoy, Rafael Danilo Capellán está retirado y el próximo 30 de octubre cumple 82 años de edad. Resta saber si la iglesia Adventista del Séptimo Día dispensa el tratamiento que merece un personaje de tan alto valor humano.


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