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domingo, 24 de junio de 2018

El PLD no merece el poder


                                    
Por JUAN T H

Sí, el Partido de la Liberación Dominicana no merece el poder. Está derrotado.

La oposición logró la hazaña, tampoco una poblada popular con las masas en las calles reclamando derechos y justicia; no fue huelga nacional indefinida, ni una revolución armada, y mucho menos un golpe de Estado.

Nadie lo hizo, el PLD se derrotó a sí mismo.

Lo desbordó la ambición, la acumulación de riquezas provenientes del presupuesto nacional, la corrupción cada vez más obvia y descarada; la impunidad que caracterizó el saqueo de los bienes públicos.

El PLD se hundió en un abismo dejando atrás los  principios y valores que le dieron razón de ser en un momento determinado. El partido de la entrega nacional al gran capital nacional y extranjero; el partido que prácticamente regaló los recursos no renovables como el oro; el que endeudó, irresponsable y desproporcionadamente la nación empeñando el presente y el futuro de varias generaciones sin lograr resolver ninguna de los grandes males del país.

El PLD no merece continuar en el poder. Se descalificó. Sus principales dirigentes y líderes están agotados y desprestigiados con acusaciones de malversación del dinero del erario. El caso de Félix Bautista y Víctor Díaz Rúa, secretario de organización y de finanzas del PLD, respectivamente, es una muestra de apenas dos botones. Hay otros, claro que hay otros, tan o más poderosos que los imputados. Como dijera monseñor Masalles, no están todos, falta gente en esa guagua de Odebrecht. (Yo diría en el gigantesco tren de la corrupción)

Los sobornos por más de 92 millones de dólares (alrededor de 4 mil 600 millones de pesos) constituyen “una chilata” con relación a las fortunas de algunos diputados y senadores, que cogieron adicionalmente 3.5 millones de dólares para la compra de los aviones Súper Tucano.

Joaquín Balaguer decía que la corrupción se detenía en la puerta de su despacho. Es posible. No lo sé. Ahora parece que no se detiene en ninguna puerta. Lo que sí sé es que Balaguer vivió siempre en un patio de la calle Máximo Gómez, que no se casó nunca, que no tenía amantes y que no dejó más fortuna que la biblioteca que donó antes de morir.  Juan Bosch, viejo y cansado de tanto ir y venir, adquirió una vivienda porque unos amigos se la construyeron. Estuvo casado durante décadas con doña Carmen. Dejó como herencia los libros que había escrito, los que había leído y una escuela moral que sus alumnos cerraron con 50 candados. Peña Gómez tras su muerte dejó más problemas que soluciones a sus herederos. Ninguno de los tres tenía ambiciones que no fueran políticas. El dinero no fue su norte como lo es hoy entre los empresarios de la política.

El PLD es una empresa parecida a una lavandería. Pocos dirigentes pueden justificar las montañas de dinero que poseen, pues antes de llegar al poder eran “muchachos y muchachas” sin abolengo, que no sabían cómo manejar una cuenta corriente, que no tenían tarjetas de crédito, que se transportaban en las guaguas o en chatarras del concho, que compartían colillas de cigarrillos, que almorzaban, por cinco centavos, en el comedor de la UASD, muchas veces exonerado a través de la Federación Dominicana de Estudiantes. Me pregunto cuántos de ellos resisten una investigación. Muy pocos, creo.

Y mientras ellos se han enriquecido exponencialmente, de esa misma manera se ha empobrecido el pueblo. Un partido así, con dirigentes desacreditados, hundidos en el lodo del cual Reinaldo Pared Pérez (Pechito) dice que no se enlodó, no merece el poder, puede ganar unas elecciones limpias.

El PLD no merece el poder, pero tampoco lo merece el partido que no lucha por obtenerlo.



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