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domingo, 13 de mayo de 2018

La soga no siempre rompe por lo más fino



POR ROLANDO ROBLES          

Armar todo un barullo porque los nombres de dos comunicadores públicos fueron mencionados por la Procuraduría en las investigaciones sobre el caso Odebrecht, me parece -así de entrada- toda una tomadura de pelo. Porque, a fin de cuentas, si Danny Alcántara y Martínez Pozo se sienten inocentes, no hay razón para que monten este sainete de tan mal gusto y menos un lunes por la mañana. Así, aparentemente, es como piensa gran parte de los comunicadores que han opinado sobre el affaire del año.

Si los dos periodistas mencionados, resultaren realmente implicados en los actos dolosos, ya sea como corresponsables, facilitadores o como simples testigos, entonces la sinrazón del show sería mayor y hasta motivo devergüenza. Y en tales circunstancias, es seguro que el público formal y honesto, no asistiría al teatro, por entender que es solo un esfuerzo por encubrir los hechos, más allá de si hubiere o no, evidencias en manos de los investigadores.

Todavía más, si los periodistas señalados hubiesen mostrado síntomas de tratar de proteger, tergiversar o falsear la responsabilidad de ellos mismos o de cualquiera de los encartados por la Ley o señalados por el público, los medios o el “morbo popular”; tampoco hubiera asistido la gente seria a la función de marras.

Pero, hagamos una precisión aún más exacta: si los dos “negritos” estos, fueran un par de granujas que han estado haciéndose de la “vista gorda”, evadiendo la acción de la justicia y guardando irresponsable silencio ante los hechos delictuosos denunciados, que son del dominio del público hoy; con mucho mas vigor, los ciudadanos sensatos se habrían negado hasta a pasar por la acera de enfrente del escenario que se montó el pasado lunes 7 de mayo.

Pero sucede el caso y viene a ser, que ninguna de estas condiciones que yo les he mencionado, está presente en los archivos oficiales, ni tampoco en la memoria de la ciudadanía, que ha seguido los hechos con inusitada devoción. Por el contrario, hay detalles que, si son observados con detenimiento, de seguro que cambiarán la opinión de la gente.

Debo aquí precisar que, si ellos han incurrido en algún acto doloso, seré el primero en pedir su castigo. Ahora, lo que ni puedo aceptar -ni aceptaré- es que el Procurador quiera jugar con el cerebro de nosotros, montando un circo alrededor de estos dos periodistas, mientras encubre a los grandes contratistas criollos asociados con Odebrecht.

Todos sabemos que las adendas hechas a los contratos originales, son la base usada para sobrevaluar las obras propuestas, pero las mismas deben ser aprobadas siempre por el gobierno. Así, en este tinglado de pillaje hubieron de actuar tres sectores: la empresa matriz (Odebrecht), los consorcios locales (contratistas) y las autoridades correspondientes (?)

Sorprendentemente, el Procurador General -que por lógica ha de ser un investigador- no conoce, ni sospecha y ni siquiera se imagina, que pueda existir la trípode mencionada arriba; y mucho menos, que cada una de sus patas, sea una estructura delictiva.

El procurador Jean Alain Rodríguez acusa, sin embargo, a Odebrecht de soborno, y acepta su declaratoria de culpabilidad, y hasta negocia la pena que debe pagar la corporación por la comisión de este delito que, forzosa y necesariamente, tiene que haber sido cometido con la participación de un “ente sobornado”.

Es en este entorno de razonamiento lógico, donde yo supongo y afirmo que, lo que pretende el flamante Procurador, es levantar una cortina de confusión, presionando los dos comunicadores para encubrir los nombres de los contratistas y los funcionarios que junto a Odebrecht, se asociaron para estafar al pueblo dominicano.

Denuncian los periodistas que, la Procuraduría ya pasó de la amenaza anónima a la extorsión declarada, con tal de que no se conozca cuáles son los contratistas tramposos que, sin dudas, se confabularon con ciertas autoridades para cometer los crímenes conocidos por todos.

Ahora, lo que se pregunta todo el mundo en este momento es: ¿qué tan poderosas son esas autoridades corruptas que el Procurador trata de proteger? ¿Qué sucedería si se llega a establecer con precisión -tal y como demanda la ciudadanía- quienes son los ingenieros que sobrevaluaron las obras en beneficio de ellos mismos y de las cómplices autoridades?

Ya con el móvil, los hechos y la riposta de los probablemente “próximos encartados” periodistas, tenemos casi claro el script de esta comedia, cuyo primer acto no fue la rueda de prensa del pasado lunes sino, aquel “famoso y accidental” encuentro de Danny Alcántara y Ángel Rondón -en el prestigioso restaurante- con el cerebro del dinámico dúo, heredero de la prestancia del caballero catalán que fue don José.

Lo que queda por verse de todo este rollo, es una incógnita que muy poca gente se atrevería a adivinar. Yo, como no soy Sherlock Holmes, tampocome atrevo. Pero sí me voy a atrever a plantear algunas preguntas que talvez puedan ayudar a otear “la verdad”, o más bien, los hechos por venir:

¿Qué pasará si el flujo de dinero en las cuentas bancarias de los dos periodistas sobrepasa lo que el Procurador considera como aceptable?

¿Terminarántambién encartadas, la “cara bonita” y el “cerebro” del dúo dinámico, por la misma razón que los dos periodistas?

¿Estaría el Procurador en condiciones de explicar igualmente que los periodistas, el tamaño de su patrimonio?

¿A cuánto asciende el monto de las supuestas sobrevaluaciones?

¿Hasta qué punto, estarán los comunicadores que hoy critican a Danny y Julio, solo celosos, porque ellos lograron lo que otros no han podido?

¿Tiene usted idea de quién podría ser la persona que tratan de “cubrir” los investigadores?

¿Sería esa persona el recipiente final de las sobrevaluaciones?

Perdón, yo solo tengo preguntas; pero usted puede que tenga algunas respuestas.

¡Vivimos, seguiremos disparando!


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